‘Batman: Arkham City’. Análisis

Los largos créditos de ‘Batman: Arkham City’ acaban de pasar por mi pantalla. Los he dejado porque toda buena obra merece dar a conocer a sus creadores. Bueno, por eso y porque confiaba encontrar una escena de vídeo que diese alguna pista sobre su continuación, tal y como ocurrió con la primera entrega. Lo normal en mí habría sido darme un par de días para reposar lo vivido antes de ponerme a redactar el análisis, esperando que la pasión acabe cediendo el paso a la razón.
Sin embargo esa pasión vivida frente a ‘Batman: Arkham City’ podría transformarse, crecer o menguar, pero nunca desaparecer, y eso es algo que sólo transmiten aquellos juegos que han sido creados por alguien que disfruta tanto con el personaje como nosotros. Se notó en ‘Batman: Arkham Asylum’ y se nota ahora, con la diferencia que echando la vista atrás el primer acercamiento de RockSteady a la historia del Caballero Oscuro pasa más por un globo sonda que por una declaración de intenciones. Digo esto porque ante todo, mientras en el sanatorio de Arkham disfrutábamos de la propuesta, aquí la vivimos hasta la última consecuencia.

‘Batman: Arkham City’, mucho más y mucho mejor
Se nota lo mucho que ha crecido la experiencia en ‘Batman: Arkham City’ cuando podríamos confundir el primer juego con una serie de episodios descargables del primero. Un compendio de DLC que nos explicasen, habitación por habitación, la historia que precede al último capítulo de las aventuras de Batman en videoconsola.
‘Batman: Arkham City’ es mucho más grande que su predecesor, lo notas en la historia, en el tratamiento de los personajes, pero sobretodo en esa intención sandbox que nutre al escenario de mil y una cosas que hacer, reflejando historias paralelas y doblando la vida útil …
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